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lunes, 14 de septiembre de 2009

Música y demencia

Have you read Adorno on Schumann's Fantasia in C Minor? He talks of his twilight. It's not when Schumann was bereft of reason. It's just the moment before, a fraction before. It torments him but he clings on...
Esta línea de la película La Pianiste de Michael Haneke desnuda a la protagonista en un momento en el que no podemos sospechar aún la intensidad de lo que se viene. Hay una premonición en esa referencia. Nos está adelantando, sin saberlo ella misma todavía, todo lo que ocurrirá en el resto del film. Es un guiño de parte del director para con el espectador. Pero no lo podemos reconocer sino después de toda la tormenta de emociones del desarrollo.


La sutil analogía de Haneke funciona porque la odisea emocional en la que se ve inmersa la protagonista es paralela a la del mismo compositor alemán.

Robert Schumann (1810-1856) murió de sífilis como ahora se ha llegado a creer. Pasó los últimos años de su vida en un sanatorio cuando ya la enfermedad no le dejaba más momentos de lucidez para componer.

La mirada impenetrable del genio (1847)

He aquí la fantasía en cuestión que, como la cita de más arriba, fue anterior al período de locura. Si hemos de creer a Adorno, pertenece al período de lucha por permanecer cuerdo.

Fantasie in C-dur op.17. Por Mijaíl Pletniov.
1. Durchaus phantastisch und leidenschaftlich vorzutragen
2. Mässig. Durchaus energisch - Etwas langsamer - Vielbewegter
3. Langsam getragen. Durchweg leise zu halten - Etwas bewegter

Es una película fuerte como pocas, pero de la misma manera brillante. No está concebida como un espectáculo. No es para divertirse y en realidad es una experiencia continuamente al borde de lo desagradable. Debo haberla odiado la primera vez que la vi.

Para apreciar el trabajo de Haneke en toda su magnitud uno debe tener el valor de ver hasta el final sin taparse los ojos, aunque en muchos momentos sea muy difícil. El director invita a mirar profundo tras los bastidores del escenario de la psique humana. Y no es un lugar en el que nos sentimos muy a gusto.

sábado, 30 de mayo de 2009

Blade Runner


La primera vez que vi Blade Runner no entendí nada. Saber que es "del mismo director de Gladiador" no ayuda en lo más mínimo. Se ve que la gente que diseña las campañas de marketing no sabe más que de eso. No de cine. No de música. Menos aún de arte.


Después de verla por segunda vez se ha convertido en una de mis películas favoritas. En mi caso tuve que darle tiempo. El necesario para que me muestre su verdadero significado, que es bastante más profundo de lo que imaginé.


No sé qué me ha atrapado con más fuerza, si los pequeños o los grandes detalles: el papel que desempeñan los ojos a lo largo de la película y que tiene su culminación en el conmovedor monólogo de Roy bajo la lluvia; si la estética fascinante -eso es lo que sucede cuando se mezcla expresionismo y ciencia-ficción, o dicho de otro modo Metrópolis con Philip K. Dick-; tal vez haya sido el preciosismo audiovisual de la cinta; o tal vez la lograda música de Vangelis.


Lo cierto es que Blade Runner toca uno de los temas más importantes que hay, se pregunta qué es lo humano y arriesga una respuesta: la memoria. Lo que vivimos va conformándonos. Las cosas que hemos visto y que han dejado una huella en nosotros. Y es aquí cuando surge el planteo más incómodo de la película: que esto no nos diferenciaría de los robots. Y todo vuelve a estar como al principio. No sabemos quienes somos y llegar a saberlo no es tan sencillo. La cinta nos deja con un tácito y antiguo conócete a ti mismo.


Vangelis - Blade Runner (End Titles)